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viernes, 31 de diciembre de 2010

El hombre de los ojos

Otro que tal baila, como la carantolla.
Seguro que salen de la misma fábrica.

Seguro que ya está en el pueblo esperando a que yo llegue.
Es el hombre que tiene más ojos que días tiene el año.
Sólo aparece el día de Nochevieja. 
31 de diciembre.
San Silvestre.

Nunca le he visto pero tampoco quiero.
¿Y cuántos años tiene este señor? Porque no falla. Puntual todos los años.
¿No se cansa de mirar? Si es que desde que soy pequeña llevo escuchando la misma historia: ¡Pórtate bien o llamo al hombre de los ojos! 
Ya cuando mis padres eran niños existía este señor...
¿Es que no tiene casa? ¡Asuste a su familia!

Pues sí que debe ser mayor sí... ¿no tendrá ya presbicia o miopía? ¿O las dos?
Señor, hágase un favor a sí mismo y retírese. ¡Que ya va pa'arriba! 

Sólo tengo algunas dudas: con tantos ojos como días tiene el año, ¿cómo hace para vestirse?

domingo, 26 de diciembre de 2010

La carantolla. O la carantoña. O x al cuadrado.

No respira.

No habla.

Nadie sabe dónde habita.

Los de Greenpeace no rezan por ella.

Siembra el pánico a su paso.

Es lo malo de la Navidad en Galisteo. Lo bueno, que sólo aparece la madrugada del 25 y se va de la misma forma de la que ha llegado: por sorpresa.

No hay tiempo para pensar dos veces. ¡Huye veloz si ves venir a este ser!

No hay piedad.
No hay compasión.
Huele el miedo. Se alimenta del miedo. Aparece allí donde hay miedo.

Es el miedo.

Hay gente que afirma haberse encontrado a este ser paseando por el botellón.

Normalmente acecha a los niños. Más aún si están indefensos. Más aún si no hay padres. Más aún si no te has portado bien. Más aún si te gusta correr riesgos.

No existen muchas maneras de aplacar su ira: esconderte, protección de tus padres o correr más rápido que ella. Si puedes.

No respira.
No habla.
Nadie sabe dónde habita.
Huele el miedo.
Se alimenta del miedo.
Aparece allí donde hay miedo.

Es el miedo.
Y el miedo es libre.